· 

Expansión urbana y la importancia de la arquitectura

Skyline de Kuala Lumpur - Torres Petronas
Skyline de Kuala Lumpur - Torres Petronas

El constante crecimiento de la población y las construcciones defectuosas de gran altura han ido destruyendo poco a poco las ciudades. ¿Cual es la solución a este problema urbanístico-social?

 

Se prevé que para 2050 habiten en la tierra, nada más y nada menos que 11.400 millones de personas, y 15.300 millones en 2100. El aumento incesante de la población mundial y el espacio urbano en las ciudades es un problema que se ha estado planteando durante años y que ha causado dolores de cabeza entre planificadores urbanos y arquitectos.

 

El crecimiento de la población a largo plazo afecta a las ciudades de maneras muy diferentes en todo el mundo, dependiendo en gran medida del contexto socioeconómico. En muchas regiones urbanas de los Estados Unidos, ha dado lugar a un notable aumento en la “expansión”, un término poco común todavía pero es un gran problema debido al desarrollo del área metropolitana.

 

La definición misma de la expansión está abierta a debate. Para algunas personas, está representado por filas y filas de casas separadas con patios grandes, cercas de madera y un mono volumen (o dos) de gran tamaño en el garaje.

 

Para otros, como el crítico social James Howard Kunstler, está definido por autopistas de ocho carriles bordeadas por tiendas de autoservicio y supermercados. Un auténtico desastre. Sus definiciones a este descontrol de la población son: “barrios marginales de automóviles nacionales” o “un cinturón de asteroides de basura arquitectónica”. Crítico e ingenioso a partes iguales.

 

 

Desde 2014 este problema no se ha reducido, sino que las cosas han ido probablemente a peor: sigue creciendo la población con la notable preocupación por un espacio para vivir. Y por supuesto, cada persona, desde su escalón social, valorará unas u otras características: para algunas personas será importante pensar en el medio ambiente a la hora de diseñar nuestras ciudades; para otras personas, probablemente ese problema no les parezca en absoluto significativo mientras tengan un buen salón donde cenar y comer en familia. El pensamiento individualista probablemente nos siga generando problemas si no sabemos tomar las medidas necesarias a este imparable crecimiento demográfico.

 

 

Los investigadores de Smart Growth America publicaron un informe titulado "Measuring Sprawl", donde analiza ciertas áreas metropolitanas por su tendencia a expandirse cada vez más, aumentando la dependencia de los automóviles y costándole al público en general una gran cantidad de dinero para diseñar nuevas carreteras y otras infraestructuras esenciales.

 

Podemos comprobar en una imagen (y quizás convencernos) de las consecuencias de la expansión: una comparación entre Atlanta y Barcelona y sus emisiones de carbono.

 

Los argumentos a favor del estilo de vida suburbano valoran una mayor privacidad, menos ruido y contaminación del aire, menos delincuencia y mejores escuelas. Sin embargo, para arquitectos, planificadores urbanos y demás profesionales, ese crecimiento disperso es insostenible. Si estudiamos una solución arquitectónica para este problema, un punto de partida natural sería observar el patrón opuesto: las recientes megaestructuras que forman ciudades verticales, combinando una multitud de usos residenciales y cívicos con una huella mínima.

 

Pero con cuidado, porque, sí es cierto que una de las soluciones más prácticas a este problema de espacio podría ser la alternativa de construcciones verticales, por lo menos desde un punto de vista estructural. Sin embargo, los edificios súper altos también traen consigo efectos secundarios inherentes que plantean muchas preocupaciones ambientales, sociales y éticas.

 

La restricción de la luz a nivel del suelo es actualmente un tema candente. Con largas sombras proyectadas por numerosas estructuras en nuestras ciudades, perderíamos uno de los más preciadas regalos de la naturaleza: la luz natural. ¿A quién pertenece el horizonte? Dada la intensidad con la que vivimos y dado que el cielo nos proporciona luz natural, ¿tenemos realmente derecho a robarla?

 

Debemos también valorar las implicaciones sociales. Los planes urbanos con edificios de gran altura, en el fondo tienen una gran carencia de espíritu comunitario, lleno de residentes que viven en relativa soledad y apatía social; recordemos por ejemplo los infames bloques de la torre Red Road de Glasgow, ahora afortunadamente demolidos.

 

En 1968 el arquitecto Sam Bunton idealizó una ciudad en el cielo que se llamó Red Roadun complejo de viviendas de gran altura ubicado entre los distritos de Balornock y Barmulloch en el noreste de la ciudad de Glasgow. Todos acabaron demolidos en 2015.  Fue el mayor desarrollo de rascacielos en Europa hasta ese momento. La más alta de las ocho torres era de 31 pisos. El desarrollo modernista, en parte inspirado por las frecuentes visitas a Marsella por parte de los funcionarios de la corporación de Glasgow y los planes comprados a Argelia, albergó a 5.000 personas.  

 

El amianto que plagaba los edificios se eliminó manualmente antes de la demolición hace poco tiempo. Treinta de los trabajadores que construyeron los pisos contrajeron enfermedades relacionadas con el amianto. Consecuencias devastadoras de las malas prácticas. A raíz de esto, solo llegaron más problemas: ocupación ilegal de las viviendas por personas con problemas, delincuencia, drogas y un ambiente nada productivo. Quizás Red Road fuera un lugar idílico durante algunos años, pero con la corporación al mando en bancarrota, es una historia diferente.

 

 

Red Road - Glasgow
Red Road - Glasgow

¿Es posible diseñar una ciudad vertical que fomente un sentido de cohesión comunitaria y sin dañar el medio ambiente ni la salud de las personas? Empresas como Perkins+Will están intentando hacerlo: su propuesta de una torre en Manhattan llena de parques multifuncionales parece un paso seguro en la dirección más correcta.

 

¿Existe una forma de aprovechar las mejores cualidades de ambas condiciones? Innumerables profesionales en arquitectura y urbanismo intentan encontrar ese equilibrio mágico, y algunos han llegado a la misma conclusión: que los diseños "Low Rise High Density", baja altura y alta densidad, ofrecen la mejor solución.

 

Este concepto no es nada novedoso. Low Rise High Density surgió hace 40 años, cuando la necesidad de espacio y mejores condiciones de vida llevaron a alternativas a las viviendas públicas de gran altura.

 

Si bien estas propuestas no son de ninguna manera idílicas, son admirables por su premisa básica: aumentar la densidad y la accesibilidad de las ciudades sin sacrificar los ideales suburbanos que muchos aprecian, como los espacios privados al aire libre y la posibilidad de vivir dentro de una comunidad social y conectada. Esta tipología de construcción híbrida aún no se ha perfeccionado, pero es esencial que juegue un papel significativo en futuros debates sobre diseño urbano para nuestra población en constante crecimiento.

 

¿Debemos urbanizar o construir? Quizás simplemente necesitamos construir con más conciencia social y medioambiental.




Quizás te interese...

Escribir comentario

Comentarios: 0