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Suelos de bambú: la alternativa sostenible en suelos

Los suelos de bambú se abren paso en nuestros hogares, presentándose como una alternativa sostenible frente a la madera tradicional. Este material es relativamente nuevo en Europa pero ya viene siendo una opción muy usada en países como China y Japón. Presenta mejoras frente a los suelos tradicionales como su duración y resistencia, y más estable y elástico que el roble por ejemplo.

 

El bambú además ayuda a la autorregulación de la temperatura, manteniendo calidez en invierno y frescura en verano. Su dureza es similar a la del roble, la madera más empleada en suelos, gracias a la alta densidad de la estructura, que los hace rígidos y estables. Existen diferentes tipos de suelos de bambú, diferenciándose por la estructura de las lamas. Los de tipo vertical y horizontal son el resultado de pegar entre sí los listones de bambú vertical u horizontalmente, lo que da un acabado diferente aunque una dureza similar a la del roble en ambos casos. En cuanto a los acabados, lejos de limitarse a ambientaciones de inspiración oriental o colonial, los suelos de bambú se encuentran disponibles en múltiples estilos, aptos para todo tipo de estancias. Las tablas resultantes de procesar las tiras de bambú lijadas y cepilladas pueden dejarse con su color claro natural o someterse a distintos tratamientos térmicos que les confieren un color tostado o incluso marrón chocolate. Esto, combinado con la colocación de los listones en vertical u horizontal, o prensados, da lugar a superficies con más o menos nudos y vetas en función del efecto que se busque.

 

La variedad de bambú empleada para fabricar suelos de parqué es el denominado bambú gigante o bambú ‘moso’, que crece en regiones tropicales. La mayor reserva mundial se encuentra en China y cada año se llegan a cortar hasta un tercio de las plantaciones, lo que equivale a su reforestación natural. La planta madre del bambú genera cada año brotes nuevos que, en pocos meses, alcanzan su madurez y una longitud de hasta 20 metros. De este modo, no es necesaria la replantación, como sucede en el caso de las maderas tradicionales que requieren la tala de los árboles. Si a ello le añadimos que el bambú absorbe, de promedio, un 30% más de CO2 que los árboles, quedan claras las ventajas medioambientales de este producto.

 

 

Además de las ventajas ventajas puramente funcionales (dureza, temperatura, estética), el suelo de bambú es una alternativa respetuosa con el medio ambiente: un bosque de maderas tradicionales tarda en volver a crecer en 30 y 60 años. El roble es una de las maderas más usadas en suelos y tarda 70 años en regenerarse. El bambú se regenera con mucha más rapidez en plantaciones gestionadas por el hombre o en selvas vírgenes y sólo necesita entre 5 y 6 años para madurar por completo; frente a los 70 años de un roble –la madera más empleada en suelos– o los 100 del ipé (una especie tropical). 

Conservar en buenas condiciones un pavimento de bambú no requiere cuidados especiales; basta con mantener un nivel de humedad de entre un 50 y un 65% en el ambiente, el ideal también para el bienestar de las personas, que equivale a una temperatura de unos 20ºC. 

 

En cuanto a la limpieza, se recomienda hacerla en seco, con aspirador y mopa, aunque en caso de manchas el fregado con poca agua y un jabón neutro es lo ideal. Como en otros suelos de madera se desaconsejan los productos abrasivos.




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