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Lo rural cotiza al alza: los trulli

En el Valle de Itria, en el talón de la bota italiana, existen unas construcciones que antaño servían como refugios para los agricultores y a día de hoy se han convertido en un oasis de paz para los viajeros. Estas casas se conocen como los “trulli” y los responsables de Holidu han dado a conocer las más de 1300 viviendas para que nos alojemos durante julio y agosto, ajenos al paso del tiempo, en estos tiempos convulsos donde el silencio se persigue, se paga y no siempre se encuentra.

 

Estas anheladas construcciones son únicas en sí mismas: en algunos de sus techos aún se pueden observar símbolos que los antiguos residentes dibujaban para atraer la buena suerte en la cosecha, la salud y la familia, pilares básicos de aquella sociedad. Fueron construidas con piedra local usando la técnica de la pared seca, sin cemento, aún así la temperatura interna es excelente, gracias a la profundidad de las paredes y el ínfimo número de aberturas.

La presencia de este tipo de arquitectura en el Valle de Itria se debe a la influencia de la cultura de Oriente Medio. Castellana Grotte, Locorotondo, Martina Franca y Alberobello son algunos de los pueblos donde más construcciones de este tipo podemos ver.

La profundidad de las paredes, junto con un número muy pequeño de aberturas, garantiza una excelente conservación de la temperatura interna independientemente de las condiciones térmicas externas. En verano, las piedras liberan el fresco almacenado para garantizar una estancia agradable incluso en los calurosos meses de verano. 

Las vigas de madera a veces presentes en el interior de los trulli nunca han tenido funciones estructurales, tal como se podría pensar. En realidad se crearon por razones de higiene, para colgar los alimentos y el material de labranza evitando así dejarlos en el suelo. 

El precio de los alojamiento durante la temporada baja con capacidad para dos personas cuesta una media de 556 euros por semana. Durante la temporada alta los precios se duplican hasta casi 909 euros de media por semana.

Un viaje al pasado en una confortable aldea y en una exclusiva casa pueden hacernos desconectar del sofocado presente que nos rodea.




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